Qué significa ser intolerante a un alimento

Significa que nuestro metabolismo reacciona adversamente cuando ingerimos ese alimento, sin participación del sistema inmunológico (excepto en el caso de la intolerancia al gluten, en la que sí interviene el sistema inmune). Puede ser algo que nos ocurre desde nuestro nacimiento, o puede ser adquirido con los años.

Las intolerancias pueden no presentar síntomas evidentes, así que la persona no percibe nada hasta que un día se manifiesta con malestar, diarrea, sarpullidos, vómitos, dolores, inflamaciones,  etc. La dificultad radica en relacionar el síntoma físico con algo que ingerimos varias horas antes o de manera regular. La  identificación del alimento es aún más complicada porque, a diferencia de las alergias, se pueden consumir pequeñas cantidades sin que den síntomas. Muchas veces somos intolerantes a alimentos considerados saludables. Así pues, seguimos incluyéndolo en la dieta y es cuando sentimos  que nuestra salud se deteriora, que tenemos múltiples achaques aparentemente no conectados entre sí.

El cuerpo no tolera un alimento porque es percibido como algo agresivo o tóxico, es decir, algo que nos daña. Lo importante es saber que no siempre los trastornos producidos van a ser gastrointestinales, pueden manifestarse en cualquier parte o función del cuerpo.

¿Cómo saber si un alimento nos daña?

Cuando la observación de los síntomas no es suficiente para detectarlo, podemos utilizar un glucómetro (medidor de la glucosa en sangre). Cuando ingerimos un alimento dañino, dos horas después nuestro nivel de glucosa en sangre continúa anormalmente alto. Eso nos indica claramente una alteración metabólica.

 

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

 

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Intestino permeable, qué lo causa

Podemos agrupar sus causas en cuatro grandes grupos: dieta, estrés crónico, sobrecarga de toxinas y disbiosis (desequilibrio bacteriano intestinal).

Empecemos por la dieta. Los componentes más comunes de los alimentos que pueden dañar el revestimiento intestinal son las proteínas que se encuentran en los cereales (sobre todo el gluten), el azúcar, los OMG (organismos modificados genéticamente), la leche y los productos lácteos (no así el yogur). Los cereales contienen grandes cantidades de bloqueadores de nutrientes llamados fitatos y lectinas. Las lectinas son proteínas que actúan como un sistema de defensa natural para las plantas que los protegen de invasores externos como el moho y los parásitos. Esto está muy bien para las plantas, pero no tanto para nosotros. Las lectinas gravitan hacia el revestimiento, adhiriéndose a él y causando inflamación. El problema reside en la cantidad de lectinas que ingerimos. Si es moderada, nuestro cuerpo lo maneja perfectamente.

Los brotes y fermentados reducen la cantidad de fitatos y lectinas, haciéndolos más fáciles de digerir. Los OMG y los híbridos no transgénicos modificados para resistir plagas suelen tener la cantidad más alta de lectinas (principalmente, el trigo).

La leche de vaca contiene caseína, una proteína que también puede dañar el intestino. Además, el proceso de pasteurización destruye enzimas importantes para la digestión de azúcares como la lactosa.

El azúcar blanco es otra sustancia que causa estragos en el sistema digestivo. El azúcar alimenta el crecimiento de hongos y bacterias dañinos.

Estrés crónico: debilita el sistema inmunológico, con lo que hongos, bacterias y virus ganan terreno, dañando el intestino.

Toxinas: pesticidas, compuestos presentes en el agua corriente (cloro, fluoruro, etc.), medicamentos (aspirina, antibióticos, AINEs, anticonceptivos y otras terapias hormonales, etc.), empastes dentales, químicos presentes en productos cosméticos, etc.

Disbiosis es el desequilibrio entre especies benéficas y dañinas de bacterias en el intestino. Para muchos, este desequilibrio puede comenzar al nacer debido a una cesárea o porque la madre no tenía un intestino sano ella misma. El uso excesivo de antibióticos, el cloro y fluoruro del agua y la falta de alimentos ricos en probióticos contribuyen definitivamente a este desequilibrio.

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La inmunidad reside en el intestino

Hipócrates dijo que “toda enfermedad comienza en el intestino” y esto no puede ser más cierto en el caso de la permeabilidad intestinal, condición en la que el revestimiento de la pared intestinal está deteriorado. Es como tener fugas en una tubería. Cuando se produce, toxinas, microbios y partículas de alimentos no digeridos se cuelan y pasan al torrente sanguíneo, causando inflamación en todo el cuerpo que conduce a una variedad de enfermedades.

Esta pérdida de la función del revestimiento intestinal está implicado en el inicio de varias condiciones agudas y crónicas, tales como:

  • Alergias
  • Asma
  • Autismo
  • Enfermedades autoinmunes
  • Eczema y psoriasis
  • Enfermedad inflamatoria intestinal
  • Artritis reumatoide
  • Síndrome de respuesta inflamatoria sistémica (SIRS)
  • Diabetes tipo 1

Y ahora qué

En primer lugar, evitar los alimentos y los factores dañinos y reemplazarlos con alimentos y hábitos curativos. En segundo lugar, equilibrar la flora intestinal y tomar suplementos específicos.

Alimentos a eliminar: azúcar, cereales, carne, leche y lácteos (con la excepción del yogur y kefir) y cualquier alimento procesado.

Los suplementos indicados para un intestino permeable son, principalmente: probióticos, enzimas digestivas, aloe vera, regaliz (especialmente útil cuando la persona padece estrés), quercitina (reduce la histamina, neurotransmisor involucrado en la respuesta inmune) y L-glutamina (antiinflamatoria y reparadora de la mucosa intestinal).

En cualquier caso, lo más importante es dotar al intestino de una adecuada flora intestinal. Para ello, además de evitar lo dañino e irritante, es preciso proveer al cuerpo para que se pueda proveer de bacterias beneficiosas. Si bien los suplementos son una buena opción, mejor aún son las verduras crudas, los alimentos fermentados y los germinados.

Es también imprescindible también es una adecuada gestión del estrés, pues debilita el sistema inmunitario.

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Algo me pasa por dentro… ¿permeabilidad intestinal?  

El intestino permeable se manifiesta en ocasiones con síntomas propiamente digestivos en los que está también involucrado el sistema inmunológico. Otras veces se manifiesta con sintomatología que en apariencia nada tiene que ver con el intestino.  Dado que el cuerpo es un todo y las partes no pueden ser separadas de la totalidad, el intestino permeable provoca también respuestas inmunes en otros sistemas a primera vista desconectados. Así que es relativamente fácil que la persona que lo padezca deambule de especialista en especialista y de prueba en prueba hasta que alguien le insinúe que quizás esté todo en su cabeza… ¿será psicosomático quizás? Pues no.

Veamos esto un poco más de cerca.

  • Las sensibilidades alimentarias  tienen casi siempre su origen en un intestino permeable (también llamado intestino con fugas). Debido a la avalancha de toxinas que entran en el torrente sanguíneo a través de estas fugas, los sistemas inmunológicos de las personas con permeabilidad intestinal están sobreexcitados, produciendo anticuerpos y haciéndoles más susceptibles a ciertos alimentos (especialmente gluten y lácteos).
  • La experiencia clínica apunta a que la permeabilidad intestinal se da a menudo en personas que sufren de síndrome de colon irritable, colitis ulcerosa y enfermedad de Crohn.
  • Algunos problemas tiroideos se relacionan con un intestino permeable, en concreto la enfermedad de Hashimoto. Es una enfermedad autoinmune (de nuevo el sistema inmunológico se ve afectado) que puede conducir a hipotiroidismo, alteración del metabolismo, fatiga, depresión…
  • Se producen deficiencias nutricionales (vitamina B12, magnesio y enzimas clave que ayudan a digerir los alimentos) derivadas de una malabsorción intestinal . Estas deficiencias dan un cuadro general de cansancio, falta de vitalidad, dificultades digestivas, dolores articulares, debilidad muscular…
  • Enfermedades inflamatorias de la piel, particularmente acné y psoriasis
  • La permeabilidad intestinal induce un círculo vicioso entre el deterioro del sistema inmune y la disbiosis (desequilibrio en la flora intestinal). Este desequilibrio conduce a la producción y absorción de productos xenobióticos neurotóxicos. Es decir, compuestos ajenos al cuerpo (xenobióticos) que son tóxicos para el sistema neurológico (neurotóxicos). De este modo se inician algunos trastornos depresivos, autismo y diversos trastornos neurocognitivos.

La relación entre el intestino y las enfermedades autoinmunes se puede entender mejor a través de una proteína descubierta en el año 2000 llamada zonulina, que modula la permeabilidad de las estrechas uniones de las células intestinales.

Su función principal es regular el flujo de moléculas entre el intestino y el torrente sanguíneo. Cuando hay un exceso de zonulina, aumenta la permeabilidad intestinal y la barrera protectora pierde su capacidad de protección. Su importancia es tal que la zonulina es un biomarcador del cáncer y enfermedades del sistema nervioso. Esto significa que su medición se utiliza como indicador para diferenciar un proceso biológico normal de uno patológico.

¿Cómo se produce un exceso de zonulina?

  • En primer lugar, la disbiosis intesinal altera la zonulina. Es decir, la presencia excesiva de bacterias intestinales patógenas, en detrimento de las buenas
  • En segundo lugar, la ingesta excesiva de gluten. La gliadina (proteína que forma parte del gluten) activa la señalización de zonulina tanto en celíacos como en no celíacos, desencadenando una cascada de reacciones biológicas.

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