Qué pasa con el azúcar

Cada día se escucha con más fuerza lo nocivo que es el azúcar para la salud, cuando hace sólo unos años nos decían que era imprescindible para el buen funcionamiento cerebral… ¿qué está pasando?

Pues bien, el problema fundamental con el azúcar es que está en todas partes y lo ingerimos a todas horas. Aún aquellas personas que dicen “no tomar azúcar”, si consumen productos procedentes de la industria alimentaria, o comen fuera de casa, están ingiriendo azúcar (y  mucho) sin saberlo.

Todos los ingredientes terminados en –osa (sacarosa, dextrosa, maltosa, fructosa…), así como todo lo etiquetado como jarabe, jugo, melaza, sirope, caramelo, almidón, fécula, dextrina, maltodextrina, etc., son azúcar. Por si fuera poco, estos azúcares industriales son mucho peores para nuestros cuerpos que el azúcar blanco, porque se absorben muy rápidamente, disparando el nivel de glucosa en sangre. En realidad, tiene sentido: cuanto más nos alejamos del estado original de los alimentos, más atentamos contra nuestra naturaleza.

Os invito a revisar las etiquetas. El orden de los ingredientes sigue el criterio de mayor a menor cantidad. Por ejemplo, los ingredientes de un tomate frito que se anuncia como “sin gluten, sin aditivos, con aceite de oliva virgen extra” son: tomate, aceite de oliva virgen extra (5,1%), azúcar y sal. Eso quiere decir que puede tener un 5% de azúcar o menos. Si hacemos cuentas, veremos que un bote de 500 gramos puede tener 25 gramos de azúcar, unos 6 terrones. Esta cantidad supera con creces lo que sería razonable para corregir la acidez del tomate.

Podéis comprobar que el azúcar (con este nombre o con otro) está en todo tipo de alimentos, y no sólo en los dulces. Por ejemplo, los gambones congelados crudos de una conocida marca, llevan azúcar en su composición. En concreto, sacarosa.

Nuestro cuerpo no está preparado para esto. Estamos sometidos a un constante goteo de azúcares en nuestra sangre –del que no somos conscientes- que altera las reacciones químicas del metabolismo celular, afectando así a todos los tejidos y órganos.

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

 

AVISO LEGAL y DESCARGO DE RESPONSABILIDAD. El contenido de este artículo y de todos los publicados en esta web reflejan únicamente la opinión de la autora, siendo su finalidad informar y educar en estilos de vida saludables. No están destinados a proporcionar consejo médico ni a sustituir ningún tratamiento médico. La autora no asume la responsabilidad de posibles consecuencias para la salud de cualquier persona o personas que lean o sigan la información publicada en esta web. Todos los lectores, especialmente aquellos que toman medicamentos, deben consultar a su médico.

 

Intestino permeable, qué lo causa

Podemos agrupar sus causas en cuatro grandes grupos: dieta, estrés crónico, sobrecarga de toxinas y disbiosis (desequilibrio bacteriano intestinal).

Empecemos por la dieta. Los componentes más comunes de los alimentos que pueden dañar el revestimiento intestinal son las proteínas que se encuentran en los cereales (sobre todo el gluten), el azúcar, los OMG (organismos modificados genéticamente), la leche y los productos lácteos (no así el yogur). Los cereales contienen grandes cantidades de bloqueadores de nutrientes llamados fitatos y lectinas. Las lectinas son proteínas que actúan como un sistema de defensa natural para las plantas que los protegen de invasores externos como el moho y los parásitos. Esto está muy bien para las plantas, pero no tanto para nosotros. Las lectinas gravitan hacia el revestimiento, adhiriéndose a él y causando inflamación. El problema reside en la cantidad de lectinas que ingerimos. Si es moderada, nuestro cuerpo lo maneja perfectamente.

Los brotes y fermentados reducen la cantidad de fitatos y lectinas, haciéndolos más fáciles de digerir. Los OMG y los híbridos no transgénicos modificados para resistir plagas suelen tener la cantidad más alta de lectinas (principalmente, el trigo).

La leche de vaca contiene caseína, una proteína que también puede dañar el intestino. Además, el proceso de pasteurización destruye enzimas importantes para la digestión de azúcares como la lactosa.

El azúcar blanco es otra sustancia que causa estragos en el sistema digestivo. El azúcar alimenta el crecimiento de hongos y bacterias dañinos.

Estrés crónico: debilita el sistema inmunológico, con lo que hongos, bacterias y virus ganan terreno, dañando el intestino.

Toxinas: pesticidas, compuestos presentes en el agua corriente (cloro, fluoruro, etc.), medicamentos (aspirina, antibióticos, AINEs, anticonceptivos y otras terapias hormonales, etc.), empastes dentales, químicos presentes en productos cosméticos, etc.

Disbiosis es el desequilibrio entre especies benéficas y dañinas de bacterias en el intestino. Para muchos, este desequilibrio puede comenzar al nacer debido a una cesárea o porque la madre no tenía un intestino sano ella misma. El uso excesivo de antibióticos, el cloro y fluoruro del agua y la falta de alimentos ricos en probióticos contribuyen definitivamente a este desequilibrio.

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El intestino permeable se manifiesta en todo el cuerpo

El síndrome del intestino permeable pareciera que sólo afecta al sistema digestivo, pero en realidad conduce a muchos otros problemas de salud. Puede ser causa de alergias alimentarias, cansancio y bajo tono vital, dolor articular, problemas tiroideos, condiciones autoinmunes, etc.

El intestino está recubierto por una capa que funciona como barrera que mantiene fuera partículas grandes que, si salieran, dañarían el sistema. Este revestimiento forma una especie de red con agujeros muy pequeños que sólo permiten que sustancias específicas (generalmente muy pequeñas) pasen.

Cuando alguien tiene intestino permeable (en otras palabras, con fugas), esta red se daña progresivamente, lo que causa agujeros aún más grandes. Así, pasan al torrente sanguíneo sustancias que normalmente no pasarían, como el gluten, bacterias perniciosas y partículas de alimentos no digeridos. El cuerpo, para protegerse, desencadena una reacción inmune que suele cursar con inflamación.

Esta respuesta de inmunológica se puede manifestar de múltiples formas:

  • Digestión: hinchazón, sensibilidad y/o intolerancias alimentarias, dificultades digestivas en general
  • Intestinales: diarrea, estreñimiento, inflamación crónica intestinal, colitis ulcerativa, enfermedad de Crohn, etc
  • Piel: rosácea, acné, eczema, psoriasis
  • Endocrinas: problemas tiroideos, síndrome metabólico, dificultad en perder peso, fatiga adrenal
  • Psíquicas: depresión, ansiedad, déficit de atención
  • Articulares: artritis reumatoide, fibromialgia, dolores en general

Una de las señales de advertencia de un intestino permeable son las múltiples sensibilidades alimentarias. Las proteínas parcialmente digeridas y la grasa pueden filtrarse a través del revestimiento intestinal, causando una respuesta alérgica.

Las respuestas alérgicas no implican únicamente que salga una erupción en el cuerpo, o que se desencadene un ataque de asma. De hecho, pueden conducir a múltiples síntomas. Si esto no se repara, puede conducir a problemas de salud más graves.

La permeabilidad intestinal causa también malabsorción de minerales y nutrientes (zinc, hierro y vitamina B12 entre otros). Puede ser también una de las principales causas de enfermedades autoinmunes.

También puede afectar al cerebro, asociándose con trastornos como la ansiedad, la depresión y el trastorno bipolar. También se ha visto relación con el autismo. Así que, en muchos casos, si puedes curar el intestino, puedes curar el cerebro.

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Cómo hacer un enema en casa

Un enema es introducir agua a muy baja presión a través del ano para provocar una evacuación. Los enemas son excelentes para limpiar tu colon e hígado y tienen muchos beneficios adicionales. Hacerlo en casa es muy fácil.

Qué se necesita

  • Un kit de enema con irrigador.
  • Una “S” metálica para que sea más fácil colgarlo
  • Alguna toalla grande y vieja, para poner en el suelo del baño.
  • Aceite de oliva, de almendra o de coco para usar como lubricante.
  • Agua a temperatura corporal (ni fría ni caliente, como le pondríamos el baño a un bebé).

Sugerencias:

  • Tómate tu tiempo, hacerlo sin prisas.
  • Que nadie te moleste mientras lo haces
  • Puedes llevarte algo de música o algún audiolibro para escuchar y que se te haga más agradable y breve.

Preparativos

Es preciso buscar un lugar donde colgar la bolsa. Debe estar a una altura superior a la tuya cuando estás de pie y suficientemente cerca de donde vayas a hacerlo como para que el tubo llegue.

Puedes hacerlo dentro de la bañera para evitar que se moje el suelo, aunque también puedes hacerlo en el suelo sobre las toallas si te resulta más cómodo.

Dobla las toallas en el suelo del baño. Hazlo tan cómodo como sea posible.

Imprescindible que la distancia a la taza sea corta, para evitar escapes indeseados. Cuando el cuerpo necesite evacuar, tendrás apenas unos segundos para sentarte en la taza.

Método

  1. Prepara el kit para enemas de acuerdo con las instrucciones incluidas.
  2. Usa la espita para controlar el flujo y llena la bolsa con agua templada. Sostén el extremo de inserción del tubo encima de la bañera o inodoro. Abre la espita y deja que el agua viaje a través del tubo hasta que salga de forma constante. Así aseguramos que no hay burbujas de aire dentro del tubo. Una vez que haya salido todo el aire (lo sabes porque el flujo de agua es constante), cierra el tubo para que no salga más agua.
  3. Elige una de estas tres posturas:
    1. Acuéstate sobre tu espalda, con las rodillas hacia tu pecho.
    2. También puedes acostarte de lado
    3. Otra opción es ponerte a gatas.
  4. Usa el aceite para lubricar los primeros centímetros de la cánula. También puedes lubricar la zona anal si quieres.
  5. Una vez en la postura elegida, inserta la cánula o boquilla unos 5-6 centímetros dentro del ano. No tiene que doler, ni tan siquiera molestar. Detente si sientes resistencia y ajusta el ángulo ligeramente hasta que puedas insertarlo fácilmente. O haz como si fueras a expulsar gases, verás cómo la boquilla entra fácilmente.
  6. Abre la espita para que el agua empiece a entrar. Hazlo con calma sobre todo las primeras veces, hasta que te acostumbres a las sensaciones. Puedes parar en cualquier momento. Si te parece que nada más entrar el agua ya quiere salir, intenta respirar un par de veces y espera un segundo a que pase la sensación de urgencia. Si persiste, cierra la espita, saca la cánula y siéntate en la taza.La clave es introducir y mantener el líquido hasta que empiezan los movimientos peristálticos naturales del cuerpo. Una vez haya entrado tanta agua como puedas mantener, cierra la espita y espera a que el cuerpo te pida evacuar.Repite el proceso hasta que hayas utilizado todo el agua de la bolsa (aproximadamente 2 litros).
  7. Limpia la boquilla con alcohol o agua oxigenada antes de dejarla secar.

Consejos

  • Cerciórate que todo lo que necesitas está cerca de ti para que no tengas que estirarte o llegar incómodamente durante el enema.
  • No te desanimes si te parece que puedes procesar muy poco líquido. Lo importante es la constancia.
  • Vigila la temperatura del agua. Lo ideal es que la sientas cálida y agradable. Prueba con la cara interna del brazo, que no te queme ni sientas frío. Si en el proceso del enema el agua de la bolsa se va enfriando, añade más agua caliente hasta conseguir la temperatura adecuada. 

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El enema, un gran aliado

Tenemos tendencia a no querer hablar del intestino grueso, como si fuera algo sucio o algo a evitar. Así que hemos olvidado cómo cuidarlo. Sin embargo, mantenerlo en buena forma es garantía de salud, porque la función intestinal disminuida cimenta la mayoría de las enfermedades.

El intestino grueso es el encargado de eliminar los desechos, aquello que ya no nos sirve. Con el paso del tiempo, el interior de las paredes intestinales se van ensuciando por la acumulación de materias no eliminadas. Esto ocurre aun cuando no se padece estreñimiento. Esos residuos  derivan en  una progresiva autointoxicación que nos roba la vitalidad, la salud y la claridad mental.

Sobreponernos a una autointoxicación que se ha ido consolidado a lo largo de muchos años no es tarea fácil. Se requiere constancia. Pero los beneficios compensan sobradamente el esfuerzo, porque estaremos limpiando y regenerando en vez de medicando.

Cuidar el intestino es básicamente prestar atención a lo que entra y asegurarnos de que sale todo lo que tiene que salir. Para conseguir esto último, los enemas son de gran ayuda. Hoy se asocian con intervenciones médicas puntuales o pruebas de diagnóstico intestinales, pero no siempre fue así. Los enemas de limpieza o lavativas tienen una grandísima tradición curativa. Consiste en introducir agua (dos litros o más) a muy baja presión a través del recto. Combaten el estreñimiento, pues el agua hace que las heces se reblandezcan y salgan con facilidad. También limpian el colon descendente y, aplicados regularmente, limpian todo el cuerpo.

Existen también los llamados enemas de retención en los que el agua introducida se retiene durante unos minutos. Normalmente con este tipo de enema se persigue un resultado concreto, por lo que se suelen añadir otras sustancias para conseguir el objetivo deseado. Por ejemplo, antiparasitarios, fungicidas (es decir, anti hongos) o probióticos.

Un enema nunca ha de causar dolor ni molestias. No debe usarse en caso de traumatismo, cirugía abdominal, sangrados del tubo digestivo e inflamaciones intestinales importantes. Tampoco se aconseja a personas gravemente enfermas o debilitadas.

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Las fuerzas defensivas del cuerpo

Son las encargadas de neutralizar y eliminar cualquier peligro potencial procedente de un agente patógeno. Todas ellas se engloban bajo el llamado sistema inmunológico (o inmunitario o sistema inmune).

Hay una tendencia a considerar el sistema inmunológico como un elemento único, como si fuera un órgano. Sin embargo, es un conjunto de procesos biológicos complejos que se ocupan de mantener el equilibrio interno frente a agresiones externas (por ejemplo, un virus) o internas (por ejemplo, células cancerosas).

A grandes rasgos, intervienen:

  • La piel, que envuelve y protege nuestro organismo
  • Las mucosas que cubren todos los orificios del cuerpo
  • Las glándulas suprarrenales y tiroides, que ponen al cuerpo en alerta si hay peligro de infección, vertiendo hormonas al torrente sanguíneo
  • El timo, glándula que organiza todo el sistema de defensa. En él maduran los linfocitos T, responsables de coordinar la respuesta inmune celular
  • El bazo y el hígado, suministradores de granulocitos y macrófagos
  • La médula ósea, que elabora más células defensivas cuando es necesario
  • El sistema linfático, por donde se desplazan las células defensivas
    • Los vasos linfáticos recorren el cuerpo proporcionando sustancias curativas y eliminando todo aquello que se identifica como nocivo.
    • En los ganglios linfáticos se almacenan los glóbulos blancos (especialmente los linfocitos) para cuando se necesiten
  • Las vías urinarias y los intestinos, a través de los que se expulsan las células dañadas y los elementos de deshecho
  • La flora bacteriana, que evita que virus, hongos, parásitos y bacterias se instalen en el cuerpo

Otros elementos que apoyan las funciones del sistema inmunológico son: los minerales y oligoelementos, el equilibrio ácido-básico y una gestión adecuada del estrés.

Teniendo en cuenta todos los órganos y sistemas involucrados, parece evidente que intentar eliminar el síntoma es inútil a medio y largo plazo.

La única manera de no enfermar y de curarnos cuando estamos enfermos es tratando al cuerpo como un todo integrado y no a través de alguna de sus partes. Dada su complejidad, el sistema inmunológico sólo puede fortalecerse de una manera integral y holística.

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