Hongo cándida y peso

Es bien conocido que cuando una persona tiene candida albicans, le resulta extremadamente difícil adelgazar o, cuando lo consigue, vuelve a su peso inicial rápidamente. El Dr. William Crook en su libro The yeast connection establece con claridad la relación metabólica entre exceso de peso y hongos. Solemos hablar del hongo candida albicans porque es el que más problemas crea en nuestro mundo occidental. Este hongo, en condiciones normales, forma parte de nuestra flora intestinal (y de la flora vaginal en el caso de las mujeres). Pero bajo ciertas circunstancias y favorecido por la excesiva ingesta de azúcares, hidratos de carbono refinados  y ciertos medicamentos, crece desmesuradamente invadiendo todo el tracto intestinal y otras partes del cuerpo, dañando a todo el organismo.

También ocurre a veces que, estando en tratamiento anticándida, la persona empieza a engordar. ¿Cómo es posible cuando se sigue una dieta tan estricta? Esto es así porque cuando el hongo muere (y lo hace dentro del cuerpo) se pudre. Y cuando se pudre se vuelve ácido y tóxico, como cualquier materia descompuesta. Esto crea numerosos tóxicos y la sangre y los tejidos se vuelven más ácidos (es decir se crea una toxemia). Ante esto, la solución natural del cuerpo es retener líquidos; de hecho, la inflamación y retención de líquidos es una de las principales defensas de nuestro organismo.  La persona muchas veces interpreta esto como que está engordando. Para evitarlo, podemos ayudar al cuerpo de varias formas:

  • Ayudando a expulsar los hongos que van muriendo, mejorando el tránsito intestinal y utilizando enemas.
  • Neutralizando la acidez con minerales alcalinizantes como el potasio y el magnesio.
  • Tomando zumos verdes.

Reducir el hongo candida alibicans  a un estado no patológico requiere paciencia y constancia. Pero los resultados bien merecen la pena.

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

AVISO LEGAL y DESCARGO DE RESPONSABILIDAD. El contenido de este artículo y de todos los publicados en esta web reflejan únicamente la opinión de la autora, siendo su finalidad informar y educar en estilos de vida saludables. No están destinados a proporcionar consejo médico ni a sustituir ningún tratamiento médico. La autora no asume la responsabilidad de posibles consecuencias para la salud de cualquier persona o personas que lean o sigan la información publicada en esta web. Todos los lectores, especialmente aquellos que toman medicamentos, deben consultar a su médico.

Cómo hacer un enema en casa

Un enema es introducir agua a muy baja presión a través del ano para provocar una evacuación. Los enemas son excelentes para limpiar tu colon e hígado y tienen muchos beneficios adicionales. Hacerlo en casa es muy fácil.

Qué se necesita

  • Un kit de enema con irrigador.
  • Una “S” metálica para que sea más fácil colgarlo
  • Alguna toalla grande y vieja, para poner en el suelo del baño.
  • Aceite de oliva, de almendra o de coco para usar como lubricante.
  • Agua a temperatura corporal (ni fría ni caliente, como le pondríamos el baño a un bebé).

Sugerencias:

  • Tómate tu tiempo, hacerlo sin prisas.
  • Que nadie te moleste mientras lo haces
  • Puedes llevarte algo de música o algún audiolibro para escuchar y que se te haga más agradable y breve.

Preparativos

Es preciso buscar un lugar donde colgar la bolsa. Debe estar a una altura superior a la tuya cuando estás de pie y suficientemente cerca de donde vayas a hacerlo como para que el tubo llegue.

Puedes hacerlo dentro de la bañera para evitar que se moje el suelo, aunque también puedes hacerlo en el suelo sobre las toallas si te resulta más cómodo.

Dobla las toallas en el suelo del baño. Hazlo tan cómodo como sea posible.

Imprescindible que la distancia a la taza sea corta, para evitar escapes indeseados. Cuando el cuerpo necesite evacuar, tendrás apenas unos segundos para sentarte en la taza.

Método

  1. Prepara el kit para enemas de acuerdo con las instrucciones incluidas.
  2. Usa la espita para controlar el flujo y llena la bolsa con agua templada. Sostén el extremo de inserción del tubo encima de la bañera o inodoro. Abre la espita y deja que el agua viaje a través del tubo hasta que salga de forma constante. Así aseguramos que no hay burbujas de aire dentro del tubo. Una vez que haya salido todo el aire (lo sabes porque el flujo de agua es constante), cierra el tubo para que no salga más agua.
  3. Elige una de estas tres posturas:
    1. Acuéstate sobre tu espalda, con las rodillas hacia tu pecho.
    2. También puedes acostarte de lado
    3. Otra opción es ponerte a gatas.
  4. Usa el aceite para lubricar los primeros centímetros de la cánula. También puedes lubricar la zona anal si quieres.
  5. Una vez en la postura elegida, inserta la cánula o boquilla unos 5-6 centímetros dentro del ano. No tiene que doler, ni tan siquiera molestar. Detente si sientes resistencia y ajusta el ángulo ligeramente hasta que puedas insertarlo fácilmente. O haz como si fueras a expulsar gases, verás cómo la boquilla entra fácilmente.
  6. Abre la espita para que el agua empiece a entrar. Hazlo con calma sobre todo las primeras veces, hasta que te acostumbres a las sensaciones. Puedes parar en cualquier momento. Si te parece que nada más entrar el agua ya quiere salir, intenta respirar un par de veces y espera un segundo a que pase la sensación de urgencia. Si persiste, cierra la espita, saca la cánula y siéntate en la taza.La clave es introducir y mantener el líquido hasta que empiezan los movimientos peristálticos naturales del cuerpo. Una vez haya entrado tanta agua como puedas mantener, cierra la espita y espera a que el cuerpo te pida evacuar.Repite el proceso hasta que hayas utilizado todo el agua de la bolsa (aproximadamente 2 litros).
  7. Limpia la boquilla con alcohol o agua oxigenada antes de dejarla secar.

Consejos

  • Cerciórate que todo lo que necesitas está cerca de ti para que no tengas que estirarte o llegar incómodamente durante el enema.
  • No te desanimes si te parece que puedes procesar muy poco líquido. Lo importante es la constancia.
  • Vigila la temperatura del agua. Lo ideal es que la sientas cálida y agradable. Prueba con la cara interna del brazo, que no te queme ni sientas frío. Si en el proceso del enema el agua de la bolsa se va enfriando, añade más agua caliente hasta conseguir la temperatura adecuada. 

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

 

AVISO LEGAL y DESCARGO DE RESPONSABILIDAD. El contenido de este artículo y de todos los publicados en esta web reflejan únicamente la opinión de la autora, siendo su finalidad informar y educar en estilos de vida saludables. No están destinados a proporcionar consejo médico ni a sustituir ningún tratamiento médico. La autora no asume la responsabilidad de posibles consecuencias para la salud de cualquier persona o personas que lean o sigan la información publicada en esta web. Todos los lectores, especialmente aquellos que toman medicamentos, deben consultar a su médico.

El enema, un gran aliado

Tenemos tendencia a no querer hablar del intestino grueso, como si fuera algo sucio o algo a evitar. Así que hemos olvidado cómo cuidarlo. Sin embargo, mantenerlo en buena forma es garantía de salud, porque la función intestinal disminuida cimenta la mayoría de las enfermedades.

El intestino grueso es el encargado de eliminar los desechos, aquello que ya no nos sirve. Con el paso del tiempo, el interior de las paredes intestinales se van ensuciando por la acumulación de materias no eliminadas. Esto ocurre aun cuando no se padece estreñimiento. Esos residuos  derivan en  una progresiva autointoxicación que nos roba la vitalidad, la salud y la claridad mental.

Sobreponernos a una autointoxicación que se ha ido consolidado a lo largo de muchos años no es tarea fácil. Se requiere constancia. Pero los beneficios compensan sobradamente el esfuerzo, porque estaremos limpiando y regenerando en vez de medicando.

Cuidar el intestino es básicamente prestar atención a lo que entra y asegurarnos de que sale todo lo que tiene que salir. Para conseguir esto último, los enemas son de gran ayuda. Hoy se asocian con intervenciones médicas puntuales o pruebas de diagnóstico intestinales, pero no siempre fue así. Los enemas de limpieza o lavativas tienen una grandísima tradición curativa. Consiste en introducir agua (dos litros o más) a muy baja presión a través del recto. Combaten el estreñimiento, pues el agua hace que las heces se reblandezcan y salgan con facilidad. También limpian el colon descendente y, aplicados regularmente, limpian todo el cuerpo.

Existen también los llamados enemas de retención en los que el agua introducida se retiene durante unos minutos. Normalmente con este tipo de enema se persigue un resultado concreto, por lo que se suelen añadir otras sustancias para conseguir el objetivo deseado. Por ejemplo, antiparasitarios, fungicidas (es decir, anti hongos) o probióticos.

Un enema nunca ha de causar dolor ni molestias. No debe usarse en caso de traumatismo, cirugía abdominal, sangrados del tubo digestivo e inflamaciones intestinales importantes. Tampoco se aconseja a personas gravemente enfermas o debilitadas.

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

 

AVISO LEGAL y DESCARGO DE RESPONSABILIDAD. El contenido de este artículo y de todos los publicados en esta web reflejan únicamente la opinión de la autora, siendo su finalidad informar y educar en estilos de vida saludables. No están destinados a proporcionar consejo médico ni a sustituir ningún tratamiento médico. La autora no asume la responsabilidad de posibles consecuencias para la salud de cualquier persona o personas que lean o sigan la información publicada en esta web. Todos los lectores, especialmente aquellos que toman medicamentos, deben consultar a su médico.