Hipertensión, no es lo que parece

Solemos pensar en la hipertensión como algo propio de personas con sobrepeso, que comen mal o beben demasiado. En realidad también se da en personas con un peso normal, que hacen ejercicio y comen “equilibradamente”. Como esto suele ocurrir pasados los 45-50 años, caemos en la trampa de pensar que es algo casi inevitable, el precio de envejecer. De este modo, nos convertimos en hipertensos crónicos altamente controlados  y medicados, cuando en realidad suele tratarse de un síntoma.

¿Qué es la presión arterial?

Gracias al sistema cardiovascular la sangre llega hasta la última célula de nuestro organismo. Como todo en el cuerpo, es un sistema flexible. Cuando el corazón bombea, el sistema se expande para facilitar el paso de la sangre. Si el corazón bombea y el sistema está rígido u obstruido (es decir, las arterias no ceden lo suficiente) la presión arterial aumenta.

¿Por qué no cede? Porque la arteria ha dejado de ser flexible. Esto ocurre porque está inflamada. Entonces llega el calcio y se une a la inflamación. Ya tenemos el vaso inflamado y calcificado, provocando un estrechamiento que hace que el colesterol circulante en sangre se quede pegado, complicando el cuadro.

¿Por qué se inflama y calcifica? Básicamente, por un agente dañino: el exceso de glucosa en sangre.

Sabemos con certeza que el exceso de glucosa en sangre daña poco a poco las paredes arteriales. La inflamación es un mecanismo inmunitario innato para aislar y destruir al agente agresor. La calcificación es otro mecanismo de protección: como los tejidos alterados tienen el pH disminuido (es decir, se acidifican) el cuerpo responde depositando sales de calcio para neutralizar la acidez (es decir, alcalinizando). Si el agente dañino (en este caso la glucosa, que es altamente acidificante) persiste en el tiempo, la inflamación continúa y la calcificación se endurece, estrechando los vasos y dificultando el flujo sanguíneo.

A esto hay que añadir que cuando el mecanismo glucosa-insulina está alterado, el exceso de insulina acaba afectando al riñón, que responde reteniendo más sal. Así, se pone en marcha otro sistema paralelo de elevación de la presión arterial.

Pasan años desde que el equilibrio glucosa-insulina se altera hasta que se detecta un exceso patológico de glucosa en sangre. Cuando finalmente se diagnostica, estamos ya en un cuadro de pre-diabetes o diabetes, mucho más difícil de recuperar y que normalmente requiere tratamiento farmacológico de por vida.

Resumiendo: un exceso continuado de glucosa (es decir, una resistencia a la insulina, que rara vez se diagnostica médicamente) está con mucha frecuencia detrás de la hipertensión rebelde en personas sanas que “se cuidan”. Es por ello que no responde a ningún tratamiento, porque es inútil tratar el síntoma sin abordar la causa que lo provoca.

Así pues, el colesterol  no es la causa del aumento de la presión arterial. Las grasas se añaden al problema que está en las paredes arteriales, que han perdido su flexibilidad y están endurecidas. Esto no será diagnosticado hasta que se produzca un colapso o un daño grave que pueda verse en las pruebas médicas, lo cual reafirma la idea de que la hipertensión y el colesterol son causa de infartos y otras condiciones similares.

Pero nosotros ya sabemos que esto no siempre es así.  El cuerpo, a través de la presión arterial, nos está avisando de desequilibrios metabólicos y no cardiovasculares.

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

 

AVISO LEGAL y DESCARGO DE RESPONSABILIDAD. El contenido de este artículo y de todos los publicados en esta web reflejan únicamente la opinión de la autora, siendo su finalidad informar y educar en estilos de vida saludables. No están destinados a proporcionar consejo médico ni a sustituir ningún tratamiento médico. La autora no asume la responsabilidad de posibles consecuencias para la salud de cualquier persona o personas que lean o sigan la información publicada en esta web. Todos los lectores, especialmente aquellos que toman medicamentos, deben consultar a su médico.

 

2 comentarios en “Hipertensión, no es lo que parece”

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