Intestino permeable, qué lo causa

Podemos agrupar sus causas en cuatro grandes grupos: dieta, estrés crónico, sobrecarga de toxinas y disbiosis (desequilibrio bacteriano intestinal).

Empecemos por la dieta. Los componentes más comunes de los alimentos que pueden dañar el revestimiento intestinal son las proteínas que se encuentran en los cereales (sobre todo el gluten), el azúcar, los OMG (organismos modificados genéticamente), la leche y los productos lácteos (no así el yogur). Los cereales contienen grandes cantidades de bloqueadores de nutrientes llamados fitatos y lectinas. Las lectinas son proteínas que actúan como un sistema de defensa natural para las plantas que los protegen de invasores externos como el moho y los parásitos. Esto está muy bien para las plantas, pero no tanto para nosotros. Las lectinas gravitan hacia el revestimiento, adhiriéndose a él y causando inflamación. El problema reside en la cantidad de lectinas que ingerimos. Si es moderada, nuestro cuerpo lo maneja perfectamente.

Los brotes y fermentados reducen la cantidad de fitatos y lectinas, haciéndolos más fáciles de digerir. Los OMG y los híbridos no transgénicos modificados para resistir plagas suelen tener la cantidad más alta de lectinas (principalmente, el trigo).

La leche de vaca contiene caseína, una proteína que también puede dañar el intestino. Además, el proceso de pasteurización destruye enzimas importantes para la digestión de azúcares como la lactosa.

El azúcar blanco es otra sustancia que causa estragos en el sistema digestivo. El azúcar alimenta el crecimiento de hongos y bacterias dañinos.

Estrés crónico: debilita el sistema inmunológico, con lo que hongos, bacterias y virus ganan terreno, dañando el intestino.

Toxinas: pesticidas, compuestos presentes en el agua corriente (cloro, fluoruro, etc.), medicamentos (aspirina, antibióticos, AINEs, anticonceptivos y otras terapias hormonales, etc.), empastes dentales, químicos presentes en productos cosméticos, etc.

Disbiosis es el desequilibrio entre especies benéficas y dañinas de bacterias en el intestino. Para muchos, este desequilibrio puede comenzar al nacer debido a una cesárea o porque la madre no tenía un intestino sano ella misma. El uso excesivo de antibióticos, el cloro y fluoruro del agua y la falta de alimentos ricos en probióticos contribuyen definitivamente a este desequilibrio.

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

 

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