Conflicto biológico y enfermedad

Las teorías del Dr. Hamer (Alemania, 1935-2017) nos ayudan a comprender el carácter espiritual de la enfermedad. Básicamente, nos dice que lo que llamamos enfermedad es un proceso por el que intentamos resolver un conflicto emocional. Cuando el proceso de resolución del conflicto termina, la persona retorna a un estado de salud.

Qué es un conflicto

Lo que Hamer llama conflicto biológico (o conflicto origen de la enfermedad) es una situación o suceso dramático de difícil salida para el individuo; es un shock psíquico, altamente traumático, inesperado y vivido en soledad (sentimientos no expresados).  En un caso así, el cerebro buscará la forma de resolverlo si la persona no puede hacerlo.  Y, como  es un conflicto de adaptación biológica, lo hará siguiendo las pautas marcadas en nuestra memoria como especie. En otras palabras, el síntoma físico es una metáfora que apunta hacia la solución del conflicto.

El cerebro lo resuelve si el individuo no puede hacerlo

Lo hará produciendo una ruptura del campo electrofisiológico en un área concreta del cerebro. Se produce así un cortocircuito cerebral y, a partir de ese momento, se lesiona el órgano gobernado por esa parte del cerebro, manifestándose la enfermedad. Según Hamer, esto se cumple en todas las enfermedades, con la excepción de los traumatismos, los envenenamientos y las de nacimiento. Siempre es el cerebro es el que da la orden de restitución del daño causado, somatizando la emoción bloqueada.

Hamer descubre también que la enfermedad es un proceso bifásico; tiene una fase activa y una fase de resolución. Lo que se suele diagnosticar como enfermedad es la fase de solución de un conflicto aún activo.  Y como generalmente cursa con inflamación y molestias, se recurre al médico que hará un diagnóstico. Pero si le diéramos tiempo suficiente al cuerpo, lo resolvería por sí mismo, porque en la medida que se resuelva el conflicto la enfermedad se cura.

La fatalidad de recibir un diagnóstico grave es el trauma asociado a la noticia. Se produce un nuevo shock emocional brutal y generalmente inesperado, añadiéndose un segundo conflicto biológico a resolver cuando la persona estaba en fase de resolución del anterior.

Esta conexión mente-cuerpo y sus implicaciones clínicas son bien conocidas por la psiconeuroinmunología. Del mismo modo,  Edward Bach (creador del sistema terapéutico Flores de Bach) consideró que la enfermedad no es material en su origen, sino espiritual. La epigenética nos muestra que las influencias medioambientales (entre las que se incluyen el estrés y las emociones)  pueden codificar nuestros genes sin alterar su configuración básica, pudiendo ser transmitidas esas modificaciones  a las generaciones siguientes.

Si sabemos que el ser humano es mucho más de lo que podemos ver, tocar y medir, ¿hasta cuándo vamos a buscar la curación en medios puramente materiales?

Más información:
Alicante. El Elixir de Hebe ( 966 084 615)
Madrid. Clínica Retiro Salud ( 687 671 672)

 

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